Fitoralia, un vivero entre montañas.

Fitoralia es un vivero entre montañas.

Fitoralia es, básicamente, un vivero que produce plantas.

Como entradilla no está mal pero siempre hay algo más detrás de una presentación tan genérica… como, por ejemplo: Fitoralia es un vivero entre montañas que produce planta, preocupado por el medioambiente y porque el impacto medioambiental de sus producciones sea el mínimo posible… esto es más completo, y por eso estoy escribiendo este post.

Y es que las directrices de Fitoralia como empresa desde su fundación siempre han sido ofrecer el mejor producto posible, la gama más completa y la preocupación por el servicio con nuestros clientes, además de ser una empresa comprometida con el respeto al medio ambiente. Por eso Fitoralia ha decidido dar un paso adelante en su compromiso con la naturaleza y mejorar sus métodos de control de producción, por lo que, a partir de 2020, cambiará su sistema de certificación y producirá toda su planta bajo el sello de control medioambiental MPS.

Haciendo un poco de historia, en el momento de su formación, Fitoralia se definió conceptualmente como una empresa referente en el cuidado del medioambiente. Desde su génesis se optó por acogerse a la normativa europea de cultivo ecológico como método de producción. ¿Por qué se ha decidido entonces cambiar de certificación? Bueno, básicamente porque la nueva es mejor y no estaba a nuestra disposición hasta hace poco. Así de simple. Vamos a desgranar las razones, para ello, empezaremos por las desventajas que ofrece la producción ecológica:

Y es que, a día de hoy y bajo las condiciones de certificación ecológica, se estaban comprometiendo algunas de las directrices de calidad, gama de Fitoralia y servicio, características que nos distinguen y que queremos que sigan siendo marca de la casa en el futuro.

Esto es debido a que la normativa de cultivo ecológico está pensada para producir producto final de consumo, es decir, peras, trigo, etc, pero no para la producción de plantas, y menos aún para la producción de plantas que deben ser comercializadas en puntos de venta como centros de jardinería. Pondremos algún ejemplo:

La normativa ecológica es muy extensa, pero tiene dos directrices sobre las que se basa, una: todos los productos empleados han de tener un origen natural; y dos: todos los productos producidos tienen que tener una trazabilidad completa en ecológico, desde semilla hasta la venta del producto al cliente final.

Desde el punto de vista medioambiental, la primera premisa, la de sólo usar productos de origen natural (no de síntesis), es una regla digamos que discutible. Genera incoherencias medioambientales tales como que se permite el uso de un producto de efecto biocida siempre que sea de origen natural, sea cual sea su efecto sobre el medio ambiente. Dejando de banda que la normativa acepta excepciones (¿?) como el uso del cobre y el azufre (subproducto del proceso de refinado del petróleo) que son de origen químico de síntesis, ¿qué sentido tiene limitar el uso de un producto por su origen y no por impacto medioambiental? Y es que un producto por ser natural, no significa que sea sano, os pondré un ejemplo, la cicuta es de lo más natural, pero no se os ocurra tomarla, y si no que se lo pregunten a Sócrates…

Pondremos algunos ejemplos de posible mala gestión medioambiental con el uso de la normativa ecológica: Por ejemplo, se permite el uso de insecticidas como las piretrinas naturales que no tienen ningún tipo de respeto por la fauna auxiliar (vamos que se lo cargan todo, incluido insectos que son beneficiosos como las abejas) y que se extraen mediante un proceso químico de unas margaritas generalmente producidas a miles de kilómetros (se encuentran de modo natural en las flores de plantas del género Chrysanthemum, como Chrysanthemum Cinerariaefolium  (denominado piretro o pelitre)  o Chrysanthemum coronarium).

O, por ejemplo también, se permite el uso el uso de quitosano que es un polisacárido que se deriva de la quitina, una sustancia natural que se encuentra en el exoesqueleto de los crustáceos (principalmente la gamba, el cangrejo y la langosta y que tras someterse al proceso de desacetilación alcalina (se llama así, oye) da origen al mencionado quitosano. Y el quitosano en sí no tiene nada de malo, es un producto genial. Sólo lo mencionaba para que se aprecie que su extracción (como la de las piretrinas) no es como poner a hervir en un cazo unas hierbas sin más, si no que tiene un proceso industrial detrás que muchas veces se hace con un coste de transporte alto y en países con condiciones socioculturales, digamos que, con margen de mejora.

Y, sin embargo, para ponerlo en valor, la normativa ecológica no permite usar un producto que emula a la hormona de crecimiento de un insecto. Imaginemos que dicho producto tiene la capacidad de impedir el crecimiento de ese tipo de insecto y no permitir que crezca hasta un estado que perjudique a las plantas (los deja enanos, jajjaja), y encima que sólo afecte a ese tipo de plaga, no a la fauna auxiliar. Pues ese producto no se puede hacer servir en eco, a pesar de que es una cosa que emula a una hormona que tienen los insectos porque su origen no es natural, sino sintético. Y es que sí, hay productos de síntesis, que pueden tener menor coste medioambiental en su producción y en su uso que no se pueden usar en producción ecológica. Esto es así. La normativa ecológica, en ocasiones, puede tener poco que ver con la ecología científica y el medio ambiente basado en criterios objetivos como por ejemplo la huella de carbono de un producto o el impacto medioambiental en el entorno.

Por otro lado, la exigencia de trazabilidad poco a poco nos va limitando como productores la posibilidad de ofertar nuevos productos, incluyendo algunos de los que ya teníamos en catálogo. Actualmente es difícil encontrar muchas variedades de semillas ecológicas y apenas hay novedades, por lo que en estos últimos años hemos tenido que renunciar a poner en marcha producciones por no poder usar una variedad al no existir la semilla apta para su uso en ecológico. En cualquier caso, ese no es el principal problema en cuanto a la trazabilidad… El principal problema de ofrecer nuestros productos bajo certificación ecológica es que nuestros clientes principalmente son puntos de venta que no están dados de alta como operadores ecológicos. Para llevar a cabo correctamente la trazabilidad en una planta que no tiene un envasado hermético y está en una exposición junto a otras plantas no ecológicas, esos puntos de venta deberían estar registrados como operadores, pagar sus cuotas, tener zonas diferenciadas y estancas donde ofrecer sus productos y estar sometidos a los controles de un operador ecológico. Esto representa evidentemente un problema para muchos de nuestros clientes (alguno de ellos ya tiene algún expediente abierto por ello) y muchos de ellos ya han optado por renunciar a vender nuestras plantas para no meterse en líos.

Recogiendo todas estas inquietudes como empresa, hemos buscado soluciones para poder seguir ofreciendo a nuestros clientes las directrices que nos planteamos en nuestros inicios, que como ya hemos dicho es ofrecer el mejor producto posible con la gama más completa, con la mejor vocación de servicio y, a la vez, ser una empresa comprometida con el respeto al medio ambiente. Para ello y tras sondear diversas posibilidades, lo vamos a hacer de la mano de una nueva certificación, la certificación MPS, que nos ofrece un nuevo camino a seguir para mejorar como empresa y ofrecer todo lo que éramos, mejorando en otros muchos aspectos. Produciremos como siempre y certificaremos mejor.

MPS es, a día de hoy, el estándar europeo en la certificación de la producción de planta, en cuanto a medio ambiente y aspectos sociales. Estos son los pilares sobre los cuales se basa MPS, una organización de certificación internacional que evalúa y acredita el buen uso de estos criterios. La certificación está ampliamente acreditada a nivel europeo en el comercio entre empresas pero, reconozcámoslo, es una completa desconocida para el cliente final en nuestro país, Por ello, desde Fitoralia emplearemos toda nuestra capacidad de comunicación para haceros saber que con esta nueva certificación la planta que un cliente tendrá en sus manos es una planta natural, de residuo 0 y lo más respetuosa posible en su producción con el medio ambiente.

Todas nuestras plantas a partir de enero tendrán en su etiquetado dos nuevos logos, el de la abeja que nos identifica como un producto natural y respetuoso con el medioambiente y nuestro logo indicativo de productor MPS.

Anteriormente hemos estado explicando las desventajas que ofrece la producción ecológica, vamos a entrar en más detalles acerca de qué ventajas nos ofrece la certificación MPS:

Ampliamos en mucho nuestros ámbitos y parámetros de control. En cuanto a producción de planta, además de controlar el origen de los productos empleados como hacíamos hasta ahora, también controlaremos cuánta energía empleamos y cuál es su origen, como gestionamos el empleo del agua y cuantos residuos generamos y cómo los reciclamos y clasificamos.

MPS es una organización internacional que desarrolla y gestiona los certificados con los que los empresarios horticultores pueden implementar la sostenibilidad en sus empresas. Los estándares medioambientales que MPS desarrolla para la sostenibilidad del sector de la horticultura son la pauta mundial del sector y gozan de la aceptación del canal de comercio internacional. MPS es el acrónimo de Milieu Programma Sierteelt (Programa de floricultura medioambiental) y su certificación se basa en un programa de puntos asignados por criterios de impacto medioambiental que la empresa debe cumplir en la totalidad de los procesos productivos de la empresa. Su objetivo último es conducir hacia una producción que reduzca al máximo la utilización de agentes protectores de los cultivos, fertilizantes, energía y agua, y fomentar la aproximación responsable a los residuos y al uso del agua. Todo ello se puede consultar de forma transparente desde su web a través de nuestro número de control: https://www.my-mps.com/es/

El esquema de certificación está pensado para conducir a la empresa productora hacia los objetivos, por ejemplo, en cuanto al uso de fitosanitarios los clasifica según su impacto medioambiental y prohíbe el uso de aquellos que considera no aptos incluyéndolos en una lista negra. Cuantifica el uso de fertilizantes, la clasificación y reciclaje de los residuos inorgánicos y la reutilización de los orgánicos, el consumo y origen del agua y un compendio de solicitudes que empujan a la empresa a mejorar.

La nueva certificación nos permitirá tener acceso al uso de tratamientos fitosanitarios tanto o más aptos medioambientalmente que los certificados ecológicos y que protegerán y acompañarán mejor a nuestras plantas en el transito hasta la venta en el los centros de jardinería, por lo que ganaremos en calidad.

Nos permitirá ofrecer un catálogo de productos más amplio, por lo que un abanico de nuevas posibilidades de oferta estará disponible para el punto de venta.

Otros formatos y variedades de planta podrán ser producidos con cultivos seleccionados imposibles de producir bajo normativa eco y que nos permitirán ofrecer otras posibilidades de comercialización (ese objetivo ya está dando sus frutos con las nuevas líneas Trioh! y AirGarden ya producidas enteramente en certificación MPS el pasado verano).

Liberaremos a los centros del compromiso de tener que certificarse como operadores ecológicos para poder comercializar nuestros productos. La actual certificación ecológica de nuestras plantas ha comprometido a algunos de nuestros clientes en algunas comunidades autónomas con los organismos de control. Les han solicitado que para poder vender productos ecológicos necesitan estar bajo el control de la certificadora aceptando sus controles de compras/ventas, facturas/tiquets, y establecimientos de zonas apropiadas y estancas (mamparas, separaciones físicas entre productos) respecto de las otras plantas no eco. No se puede vender un producto certificado ecológico sin un envase estanco en una zona no certificada y adaptada para ello. Las normativas varían en función de la comunidad autónoma, pero parece claro que la venta de una planta eco en un entorno donde hay otras plantas que no lo son y que puede estar expuesta a abonados y tratamientos no controlados hace que la certificación de origen se vea comprometida. Esto es debido a que la certificación eco es apropiada para producto acabado, no para planta, no está pensada para producir y vender plantas, si no para vender manzanas.

El control de la producción ecológica y la venta de productos ecológicos están cedido a las administraciones autonómicas y cada una de ellas aplica sus propias formas de entender la normativa. En general, la normativa dice que para vender este tipo de producto no envasado se debe estar dado de alta como operador que es toda a aquella persona física o jurídica que participe en actividades de cualquier etapa desde la producción primaria hasta su almacenamiento, transformación, distribución, venta y suministro al consumidor final de productos ecológicos, y que tales actividades, o empresas que desarrollen las citadas actividades, deben estar sometidas al régimen de control de la producción ecológica. Es decir, deben estar certificadas. Se puede estar exento de ello si la venta es inferior a cierto volumen de dinero (según comunidad) y si los productos están envasados, aspecto este último que no se da en las plantas: “que se  vendan en envases cerrados y etiquetados por sus proveedores, conforme al Reglamento (CE) núm. 834/2007”.

Este cambio de certificación para planta no implica que reneguemos para nada de nuestra trayectoria como productores de productos eco, simplemente que hemos encontrado una fórmula para hacerlo mejor con nuestra línea de producción de planta y hemos decidido seguirla. De hecho, nuestras colecciones de semillas ecológicas y nuestros abonos y productos de sanidad vegetal eco siguen a nuestro lado, son productos geniales para su uso a nivel aficionado, y muy completos. Seguiremos usando esas semillas en nuestras producciones, pero ahora si queremos hacer un nuevo cultivo del que no dispongamos de semilla eco, podremos hacerlo. O en cuanto a la sanidad vegetal hemos de decir que los productos ofertados por Fitoralia nos tienen ampliamente satisfechos (no cubren todos los aspectos de la producción, ya nos gustaría) y que los seguiremos haciendo servir en nuestras propias producciones, pero ahora sin las limitaciones de uso que ya hemos explicado anteriormente y que nos permitirán ofrecer producciones de mayor calidad.

En resumen, trabajamos para tener una empresa mejor y más sostenible y ofrecer mejores productos, de más calidad y con una mayor gama. Ese es el objetivo último del día a día de Fitoralia, esperamos que nos acompañéis en nuestras reflexiones y que seamos capaces de hacéroslas llegar con la mejor explicación posible. Cambiamos de certificación para ser mejores. Por ello la comunicación, la imagen y el marketing de nuestros productos, tan importante para nosotros, se volcarán en comunicar a los usuarios de nuestros productos que ofrecemos los mejores productos y que son lo más respetuosos y naturales posibles. Creemos que es el camino y seguiremos su senda. ¿Nos acompañáis?

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